CHELIAX
El Imperio de los Diablos
Una advertencia antes de que sigáis leyendo, porque soy un hombre con principios y uno de ellos es avisaros cuando estáis a punto de cometer un error caro: este libro contiene opiniones que en Cheliax se consideran entre cuatro y dieciséis delitos capitales distintos dependiendo del párrafo.
Lo sé porque lo he consultado con un jurista chelaxiano, que me cobró el equivalente a tres semanas de posada por decirme exactamente cuántas veces podría ser ejecutado si lo publicara en Egorian. Su respuesta fue «once, aunque con buena representación letrada quizás podamos dejarlo en nueve». Me pareció un precio razonable por la información.
Decidí publicarlo igualmente, porque soy así de optimista. O de estúpido. Así que si estáis leyendo esto dentro de las fronteras del Imperio, os deseo suerte —la necesitaréis— y os recomiendo encarecidamente que lo escondáis en el forro del jubón.
Si lo estáis leyendo en cualquier otro lugar, podéis relajaros.
Relativamente.
I. POR QUÉ DIABLOS IRÍA NADIE ALLÍ
Esta pregunta me la han hecho en al menos doce idiomas distintos, invariablemente por personas que acaban de leer las primeras páginas de este volumen. Mi respuesta es siempre la misma: el dinero no tiene bandera, el comercio no tiene escrúpulos y los mejores clientes que he tenido en veinte años de oficio han sido chelaxianos, porque en un país donde los contratos son sagrados nadie te debe los pagos y encima te los pagan a tiempo con los intereses pactados al décimo de cobre. En Andoran todo el mundo habla de libertad y la mitad no te pagan la segunda entrega. Prefiero el Imperio de los Diablos con un recibo firmado que la República de los Hombres Libres con una promesa verbal.
La razón menos intelectual y mas prosaica, que también existe, es que el Arco de Aroden está ahí. Para cruzar del Mar Interior al océano Arcadio hay que pasar por aguas que Cheliax considera suyas con la misma firmeza con que considera suya la voluntad de sus ciudadanos. O pagas el peaje o explicas a la Armada Imperial por qué crees que las leyes internacionales se aplican a todos menos a ti.
YO he pagado el peaje. Lo he pagado con una sonrisa. Con los dientes apretados debajo de la sonrisa, pero eso es un detalle que los oficiales del puerto no necesitan conocer.
II. HISTORIA BREVE DE CÓMO UN PAÍS ENTERO TOMÓ LA PEOR DECISIÓN POSIBLE
Cheliax no fue siempre el monumento al error político-teológico que es hoy. Hubo un tiempo, allá por el año 3007 de la Era Absolom, en que era simplemente la frontera occidental del Imperio de Taldor: una provincia ambiciosa, enérgica y razonablemente funcional que pagaba sus impuestos y alimentaba sus delirios de grandeza con la devoción al dios Aroden, convencida de que el señor de la humanidad los había elegido para liderar la siguiente era del mundo. Era la clase de fe que en otros países produce clérigos y paladines, y en Cheliax produjo un ejército de burócratas convencidos de su superioridad moral. La diferencia, me han explicado, es de matiz.
En el año 4081, un tal Aspex el Bífido —cuyo apodo sugiere o bien una deformidad física o bien una personalidad que hacía honor al nombre— declaró la independencia de Taldor, se llevó por delante a Andoran e Isger casi de paso y fundó un Imperio propio. Sus sucesores lo gobernaron durante siglos aguardando el cumplimiento de unas profecías que prometían el retorno de Aroden y la apoteosis de la humanidad chelaxiana. Era un plan perfectamente sólido con un único defecto estructural: dependía de que Aroden siguiera vivo.
En el año 4606, Aroden murió.
No hay manera delicada de formularlo, o al menos ni yo ni los chelaxianos hemos conseguido encontrarla. El dios de la humanidad, en quien una nación entera había cimentado su identidad durante generaciones, simplemente dejó de existir. Las tormentas que siguieron arrasaron media costa del continente, pero el verdadero desastre fue ideológico: Cheliax se quedó sin propósito, sin guía espiritual y con una clase noble entera que llevaba décadas preparándose para liderar el mundo y de repente no tenía un propósito claro. Lo que siguió fueron treinta años de guerra civil en los que las grandes familias se masacraron mutuamente con una dedicación que habría sido admirable de haberse aplicado a cualquier otra cosa.
EL PACTO QUE CONVIENE NO MENCIONAR
De ese caos emergió la Casa Thrune, que no era la más poderosa ni la más antigua de las contendientes pero sí la más dispuesta a hacer lo que las demás, al menos en apariencia, consideraban ir demasiado lejos. Lo que hizo Abrogail Thrune I fue, resumido sin eufemismos: contactar con el Infierno, negociar con lo que contestó a su llamada y pagar el precio que le pidieron: la reorientación completa del estado chelaxiano hacia la adoración de Asmodeo, el Señor del Infierno, dios de los contratos, la dominación y esa clase de orden que funciona perfectamente siempre que no seas tú el que está siendo ordenado.
Para el año 4640, la guerra había terminado. Los Thrune tenían el trono. Los diablos tenían Cheliax. Y los chelaxianos tenían paz, del tipo que impera cuando nadie queda en pie para seguir luchando. La Iglesia de Asmodeo fue declarada fe oficial del estado con la misma solemnidad con que se anuncia una nueva tasa portuaria, y el país que había esperado durante siglos la gloria humana encontró su destino ligado al Infierno. Como decisiones históricas, ha envejecido peor que el vino barato. Mejor que el vino barato chelaxiano, por cierto, porque ese envejece bastante bien, pero eso lo discutiremos más adelante.
III. CÓMO FUNCIONA EL LUGAR: LA BUROCRACIA COMO FORMA DE TORTURA
Cheliax es, sobre el papel, una monarquía gobernada por Su Majestad Infernal Abrogail II, cuyo título completo ocupa la mitad de una página de registro y cuya paciencia con las imprecisiones protocolarias es inversamente proporcional al tamaño del mentado texto. La Majestrix —así la llaman los que han aprendido que usar el título equivocado tiene consecuencias que van más allá de la corrección educada— es una gobernante cuyas decisiones combinan lo impredecible con lo implacable de manera que sus embajadores extranjeros desarrollan tics nerviosos con una regularidad que los médicos de Absalom han llegado a clasificar como síndrome profesional reconocido.
No gobierna sola: la corte de Egorian es un organismo vivo, venenoso y absolutamente fascinante para cualquiera que no tenga que sobrevivir en él. Las facciones nobiliarias se vigilan mutuamente con una intensidad que haría sonrojar a un espía profesional, y cada una de ellas mantiene redes de información, influencia y chantaje mutuo de una sofisticación que ninguna otra nación del continente ha logrado igualar. La diferencia entre la corte chelaxiana y un nido de víboras es que las víboras no llevan también la contabilidad del veneno.
LAS DISCIPLINAS ASMODÉICAS: EL PAPELEO COMO VOCACIÓN RELIGIOSA
El sistema legal chelaxiano se llama las Disciplinas Asmodéicas y está formado por un corpus de leyes derivadas de textos religiosos tan extenso, tan enrevesado y tan deliberadamente lleno de trampas que ningún ciudadano corriente puede estar seguro de no estar cometiendo un delito en cualquier momento dado. Esto, repito, es una característica del sistema, no un defecto. Un ciudadano que no sabe exactamente cuándo está infringiendo la ley es un ciudadano que no puede planear conscientemente infringirla, lo cual, desde el punto de vista del régimen, es exactamente el estado mental deseable.
El ejemplo que uso siempre para ilustrar el carácter del sistema es el del soborno. En Cheliax, el soborno es legal. Hay un procedimiento oficial para ofrecerlo, un porcentaje estipulado que el funcionario sobornado debe entregar a su superior jerárquico, y un formulario en cuatro copias que documenta la transacción para los registros del estado. Si seguís el procedimiento correcto, el soborno es perfectamente válido. Si intentáis sobornar a alguien sin los formularios apropiados, sin los testigos certificados o sin el impreso de declaración de intención de dádiva extraoficial debidamente sellado, seréis procesados por «intento de corrupción irregular de funcionario del estado».
Resumiendo. La corrupción está bien. La corrupción sin papeleo es intolerable. Os lo cuento porque estuve a dos minutos de aprender esta lección en Corentyn de la manera más cara posible, y porque si mi desgracia potencial os resulta instructiva, al menos habrá servido para algo.
LA PIRÁMIDE SOCIAL: NUEVE RANGOS HACIA LA IRRELEVANCIA
La sociedad chelaxiana está estructurada en nueve rangos nobiliarios —uno por cada círculo del Infierno, porque si vas a organizar una sociedad con inspiración diabólica, al menos sé coherente— y debajo de ellos el pueblo llano dividido en ciudadanos libres, siervos y esclavos, con una permeabilidad entre categorías que fluye, casi sin excepción, hacia abajo. Puedes entrar como ciudadano libre y acabar siervo por deudas con la misma facilidad con que en otros países se cambia de posada: presentas los documentos equivocados en el momento equivocado a la persona equivocada y el sistema te clasifica con la eficiencia de quien lleva siglos practicando.
La esclavitud es el motor económico del Imperio, y Cheliax mantiene el mayor mercado de carne humana del Mar Interior con la misma despreocupación con que otros países mantienen ferias ganaderas. Sus puertos, sus galeras, sus minas y sus talleres funcionan con trabajo esclavo. La Iglesia de Asmodeo provee el andamiaje teológico que convierte esta práctica en un reflejo del orden cósmico. He llegado a escuchar a un sacerdote de Asmodeo explicar la esclavitud con la misma serenidad con que un maestro explica las tablas de multiplicar a niños de siete años. Era una de las experiencias más inquietantes de mi vida, y tengo un catálogo considerable entre las que elegir.
Para el viajero de negocios: si vuestro trabajo os lleva a los puertos de Corentyn o de Ostenso, os encontraréis con esta realidad de manera inevitable y sin preaviso. Mi consejo es que practiquéis la expresión neutral en el espejo antes de salir de casa. En Cheliax, mostrar cualquier emoción en el momento equivocado es una declaración de posición política, y las declaraciones de posición política no solicitadas tienen consecuencias.
IV. LAS CIUDADES: UN TOUR ILUSTRATIVO POR VARIOS TIPOS DE PESADILLA
EGORIAN: LA CAPITAL, O EL GÓTICO COMO POLÍTICA DE ESTADO
Egorian fue en otro tiempo la Ciudad de las Rosas, bendecida por Aroden y llena de flores blancas que, según cuenta la tradición, el dios mismo había creado como señal de favor. El día en que Aroden murió, todas las rosas blancas de la ciudad se volvieron negras de manera simultánea e instantánea. Los chelaxianos llevan más de un siglo cultivándolas en jardines ceremoniales y vendiéndolas en los mercados como souvenir, lo cual dice todo lo que necesitáis saber sobre la relación de este pueblo con el simbolismo del desastre: lo monetizan.
La arquitectura de la capital es gótica sin concesiones ni disculpas. Torres afiladas como acusaciones, piedra roja y negra, ventanas que parecen ojos entrecerrados evaluando vuestras posibilidades de convertirse en problema para el estado. Desde la consolidación del poder Thrune, ese estilo es de obligado cumplimiento para cualquier construcción nueva, porque en Cheliax hasta los edificios tienen que firmar su lealtad al régimen.
Si me consideráis exagerado, permitid que os ilustre con un ejemplo. He visto posadas obligadas a derribar una fachada perfectamente funcional porque el arquitecto original había tenido la desfachatez de usar piedra ocre. Los propietarios pagaron la demolición, la reconstrucción y una multa por «mantenimiento de infraestructura arquitectónicamente subversiva». Y lo hicieron sin rechistar, que es única opción sensata y encomiablemente práctica.
Como ciudad comercial, Egorian funciona razonablemente bien, sus mercados están bien abastecidos y sus posadas son cómodas si os las podéis permitir, que es otra forma de decir que son caras. El problema es que nunca os sentiréis del todo cómodos, porque el hombre sentado a vuestra izquierda en la posada podría ser un mercader de especias o podría trabajar para la Iglesia de Asmodeo, y en Egorian esas dos cosas no se excluyen necesariamente. Con el tiempo aprendéis a leer adecuadamente a los alegres parroquianos. Mientras tanto, sonreíd a todo el mundo por igual y guardad las opiniones para cuando estéis en alta mar.
El Teatro de lo Real merece mención específica. Es una institución de entretenimiento patrocinada por el estado donde las representaciones dramáticas aspiran, según se rumorea con suficiente consistencia como para que yo le dé crédito, a un nivel de autenticidad que no siempre se consigue exclusivamente con actores de oficio. No he asistido. No pienso asistir. Hay experiencias que enriquecen la memoria del viajero y hay experiencias que la dañan de maneras que ningún vino puede reparar, y tengo suficiente criterio para distinguirlas.
WESTCROWN: EL MUSEO MÁS MELANCÓLICO DEL CONTINENTE
Westcrown fue la capital del Cheliax arodeano y es hoy una ciudad que vive de los recuerdos con la dignidad marchita de un aristócrata arruinado que sigue vistiendo su mejor ropa para ir al mercado. Cuando los Thrune trasladaron la corte a Egorian, la ciudad quedó con sus palacios, sus canales y su aristocracia.
Y sin dinero.
El resultado es que Westcrown tiene palacios magníficos con las goteras estratégicamente ocultadas por tapices, una aristocracia que organiza cenas fastuosas con menús calculados al mínimo detalle para parecer abundantes sin serlo, y un orgullo colectivo que ha convertido la negación en una forma de arte. Visitadla de día. Hay museos, librerías de segunda mano con fondos extraordinarios y una arquitectura que en mejores tiempos era la más refinada del Imperio y que incluso ahora, deteriorada y financieramente agónica, supera a lo que la mayoría de ciudades ofrecen en su mejor momento.
De noche, no salgáis. Ya sé que parece una exageración. No lo es. Cuando el sol desaparece en Westcrown, las calles quedan para criaturas de naturaleza oscura que sus habitantes llaman «las bestias» con la economía verbal de quien ha aprendido a referirse a su problema crónico sin dramatizar. Llevan décadas conviviendo con esto. Los nobles locales pagan recompensas a cazadores dispuestos a reducir la población de esas criaturas. La corona no ha tomado medidas efectivas al respecto. Que cada uno saque sus propias conclusiones sobre lo conveniente que podría resultar, para ciertos intereses, una ciudad en la que no se puede caminar de noche.
OSTENSO Y CORENTYN: DONDE EL DINERO FLUYE
Los dos grandes puertos chelaxianos son los puntos de contacto más habituales para el viajero que no busca meterse en política, y son perfectamente funcionales para ese propósito siempre que se mantengan expectativas realistas sobre lo que «funcional» significa en el contexto chelaxiano. Ostenso es el puerto del Mar Interior; Corentyn controla el Arco de Aroden y además, como ya hemos mencionado, alberga el mayor mercado esclavista del continente.
Ambas ciudades hacen negocios con cualquiera que lleve moneda de curso legal, no tenga órdenes de busca y captura vigentes en el Imperio y sea capaz de mantener la expresión neutra el tiempo suficiente para cerrar el trato. Y sí querido lector. Soy capaz de tres de esas tres cosas. Al menos en Corentyn.
V. A QUIÉN EVITAR, CON MATICES
LA ARMADA IMPERIAL: EL NEGOCIO DEL MIEDO
La Armada Imperial Chelaxiana es sin duda la fuerza naval más poderosa del Mar Interior occidental, y quiero que quede claro que digo esto sin la menor admiración y con toda la objetividad de un hombre que ha visto sus barcos de cerca más veces de lo que le habría gustado. Sus naves de guerra son enormes, pesadas, construidas con la precisión de quien tiene diablos en la hoja de especificaciones técnicas. Sus tripulaciones funcionan con una disciplina que en cualquier otra marina se lograría con años de entrenamiento, y que en la chelaxiana se consigue con cláusulas contractuales cuyas penalizaciones por incumplimiento el manual de servicio describe con un nivel de detalle que no invita a la experimentación.
La almirante Druvalia Thrune —prima de la Majestrix, responsable de las operaciones navales y propietaria de una reputación que precede a su barco en varios días de navegación— es exactamente el tipo de oficial naval que os gustaría tener de vuestro lado y que bajo ninguna circunstancia querríais tener en contra. Quienes han negociado con ella la describen como metódica, inflexible y dotada de una memoria para las ofensas que haría enrojecer de envidia a un rey enano.
Cheliax perdió dos veces frente a los corsarios de los Grilletes en aguas de Sargava, en los años 4643 y 4660. Lady Druvalia no era la responsable de esas operaciones. Lo recuerda igualmente, con la misma precisión y rencor que si hubiera estado allí. Tened eso en cuenta a la hora de trazar vuestras rutas si operáis en esas aguas, y tened también en cuenta que «tenerlo en cuenta» es un eufemismo elegante para «evitad ese sector del océano durante una temporada indeterminada».
Pagad el peaje del Arco.
Sé que es caro.
Sé que parece un abuso.
ES un abuso.
Pagadlo igualmente, porque la alternativa implica explicarle a un oficial de la Armada Imperial por qué creéis que las tasas de navegación no se aplican a vuestro caso, y esa es una conversación de la que es estadísticamente difícil salir con el barco intacto y la dignidad en el mismo estado en que llegó.
LOS INQUISIDORES: OMNIPRESENCIA CON MÁSCARA
Son la policía de la Iglesia de Asmodeo, reconocibles por sus túnicas oscuras y sus máscaras de hierro sin rasgos individualizadores, porque el Inquisidor no es una persona sino una función del estado y el estado chelaxiano tiene muy buenas razones para que sus funcionarios más intimidantes no parezcan humanos ni en sus peores días. Buscan «corrupción» y «deslealtad», términos cuya definición exacta es deliberadamente ambigua y cuya interpretación práctica se asienta en el criterio del Inquisidor de turno, que es exactamente el tipo de poder discrecional que en manos equivocadas puede arruinaros la semana de manera irreversible.
Lo que hace verdaderamente inconveniente a los Inquisidores no es que sean violentos —que lo son, y competentemente— sino que lo saben todo antes de que abráis la boca. Tienen informantes en cada posada, cada muelle y cada mercado del Imperio, alimentados por una red de vecinos que venden a sus vecinos por incentivos que en otras latitudes llamaríamos miserables y en Cheliax se denominan «compensación por colaboración cívica».
Si un Inquisidor os aborda, recordad tres cosas: primero, sonreíd. Segundo, responded a todo con cortesía y brevedad. Tercero, y esto es lo más importante, no intentéis ser más listos que él. Los Inquisidores llevan toda su carrera oyendo a gente que intenta ser más lista que ellos. Os tienen clasificados antes de que terminéis la primera frase.
He sido interrogado por un Inquisidor chelaxiano en dos ocasiones. En ambas acabé en la calle sin cargos y con la sensación de que sabía más de mí al terminar la conversación de lo que yo mismo sabía al empezarla. Es una experiencia formativa que no recomiendo buscar deliberadamente.
LOS CABALLEROS INFERNALES: LA LEY CON ARMADURA Y SIN SENTIDO DEL HUMOR
Las Órdenes de Caballeros Infernales son cuerpos militares-judiciales que responden a la Ley como principio metafísico, no a la corona como persona con nombre y caprichos. Esta distinción, que en otras circunstancias podría parecer filosófica y teórica, tiene implicaciones prácticas muy concretas para quien se cruce con uno de ellos: un Caballero Infernal no os da margen por ser extranjero, no tiene en cuenta las circunstancias atenuantes salvo que estén contempladas en el protocolo de la orden, y no acepta sobornos, lo cual en Cheliax los convierte en la excepción más desconcertante al orden natural de las cosas.
Sus famosas armaduras de adamantita negra son inconfundibles. Pesadas, con motivos diabólicos, diseñadas para que quien las lleva parezca salido directamente del Averno y para que vosotros lo recordéis así. Perfectamente adecuadas para su papel como jueces, fiscales y ejecutores. Un conjunto que, en términos de eficiencia judicial, es terroríficamente admirable. Y en términos de posibilidades de apelación, desolador.
La Orden de la Cadena opera desde Cheliax y se especializa en quienes huyen de sus obligaciones legales: esclavos fugitivos, deudores, condenados evadidos. Si alguna vez os habéis visto tentados a ayudar a alguien a liberarse de sus cadenas sin la documentación pertinente —y entiendo el impulso, lo comparto, no lo ejecutéis— sabed que esta orden tiene una memoria institucional que supera con creces la vuestra y que cubre un territorio más amplio del que esperaríais.
La Orden del Potro se dedica a la sedición y a quienes desafían la autoridad legítima, que en la práctica significa cualquier persona que haya dicho en voz alta algo que algún funcionario con influencia considera subversivo. Han cerrado tabernas enteras por conversaciones que en Absalom serían demasiado anodinas para merecer atención. Tengo razones personales para conocer bien sus procedimientos. No las voy a detallar aquí por razones que los lectores más astutos ya habrán inferido.
Resumamos las demás. La Orden de la Pira persigue la herejía y la magia prohibida. La Orden del Clavo opera principalmente en Varisia, sometiendo a pueblos que considera incivilizados, criterio que aplica con una generosidad me resulta personalmente ofensiva dado que me ha incluido a mí en alguna ocasión. La Orden del Azote, con base en Isger, persigue la corrupción dentro de la sociedad, lo cual sigue siendo la ironía institucional más elegante de todo el sistema chelaxiano. La Orden del Torrente, en Kintargo, tiene fama de ser la menos extrema de todas, lo que en este contexto equivale a decir que son el carcelero que te deja terminar la cena antes de cerrarte la celda.
Consejo general: no discutáis con ninguna de ellas. No expliquéis que sus leyes no se aplican en vuestra jurisdicción. No hagáis gestos bruscos. Y si alguna vez os veis tentados a explicarle a un Caballero Infernal que la justicia debería tener en cuenta los matices humanos, guardaos ese pensamiento para contármelo a mí en algún puerto razonablemente lejano de su ciudadela más próxima, que yo os escucharé con simpatía y sin consecuencias legales.
VI. LO QUE CHELIAX HACE BIEN, Y QUE NO ESPERABAIS QUE ADMITIERA
Reconozco que después de todo lo anterior el lector podría preguntarse por qué a lo largo de mi agitada carrera como comerciante he vuelto tantas veces al patio de juegos de los Thrune. La respuesta honesta es que soy un hombre de gustos definidos y Cheliax, con todo su horror institucionalizado, tiene cosas que no encontraréis en ningún otro lugar del Mar Interior. Lo que sigue es mi inusitadamente honesta y firme defensa del Imperio. Puede que os parezca un chalado pero en fin, había que estar chalado para compilar estas líneas.
EL VINO: EL ÚNICO ARGUMENTO INDISCUTIBLE
Empiezo aquí porque es donde hay que empezar si se tiene criterio: el vino chelaxiano es el mejor del mundo conocido. No es opinión, es hecho verificable, y lo digo como alguien que ha dedicado una parte no despreciable de su vida adulta a acumular evidencia empírica al respecto.
Las tierras del interior del Imperio —suelo volcánico, veranos secos, tradición vitícola de siglos que los Thrune tuvieron la prudencia de no tocar porque hasta ellos saben que hay líneas que no se cruzan— producen tintos de una estructura que los catadores serios describen como «austeros y de final eternamente largo» y que yo describiría como «la única cosa en Cheliax que no pretende ejecutaros al terminar».
Las variedades del interior tienen una personalidad que resulta coherente con el país: intensas, directas, sin concesiones al gusto fácil, con un final que os acompañará mucho después de que hayáis querido que se marchara. Los blancos costeros son más ligeros y perfectos para negociaciones que se benefician de un ambiente relajado, que en Cheliax significa negociaciones donde ninguna de las dos partes ha pedido aún la documentación formal. Las mistelas dulces de Corentyn, elaboradas con uvas pasificadas en terrazas que miran al Arco de Aroden, son una de las pocas razones por las que merece la pena quedarse en esa ciudad más tiempo del que los negocios requieren estrictamente.
Un dato para el viajero prudente: las posadas de segunda categoría de Egorian sirven un vino de la casa completamente anónimo que es consistentemente bueno y considerablemente más barato que los de carta. Pedidlo sin mirar la etiqueta. En un país donde el orgullo regional por la viticultura es casi religioso —y en Cheliax casi todo tiene algo de religioso—, incluso el vino sin nombre merece respeto.
LA COCINA: EL LADO OSCURO COME BIEN
Quien haya comido en la mesa de un noble chelaxiano de rango medio —yo lo he hecho en circunstancias que preferiblemente no detallaré, relacionadas con una apuesta que perdí y un acuerdo de confidencialidad que técnicamente sigue vigente— sabe que la cocina de este país es uno de sus argumentos más sólidos. La caza del Bosque de los Susurros, los ciervos de las tierras altas, la caza menor de las llanuras: todo procesado por una tradición culinaria que lleva siglos perfeccionando salsas, escabeches y técnicas de curación que en ninguna otra cocina del continente tienen equivalente.
La cocina chelaxiana es contundente, intensa, absolutamente seria respecto a los tiempos de cocción y completamente intolerante con los atajos. Un cocinero chelaxiano que descubriera que habéis sugerido agilizar su receta os miraría con el mismo desprecio con que un Inquisidor mira a alguien que ha presentado un documento con una sola copia en lugar de las cuatro reglamentarias. El estofado de caza requiere preparación desde la víspera. No se negocia. En Cheliax, nada que valga la pena se negocia, y curiosamente eso incluye la gastronomía.
En Westcrown, la cocina de los antiguos barrios nobles conserva influencias de la época arodeana que la hacen más ligera y más elegante que la de Egorian. Si recibís una invitación a cenar en una de esas casas, aceptadla. Rechazar una invitación social en Westcrown tiene connotaciones políticas que ningún visitante en su sano juicio quiere gestionar, y además la cena probablemente sea excelente, que siempre es un incentivo adicional.
LA ÓPERA: LO ADMITO SIN VERGÜENZA Y SIN RETRACTARME
Este es el punto donde pierdo toda credibilidad como crítico imparcial de Cheliax y la recupero como hombre de cultura: la ópera chelaxiana es la mejor del mundo. No hay debate posible. Cualquiera que haya asistido a una representación en el Gran Teatro de Egorian (no confundir con el infame Teatro de lo Real) o en los teatros históricos de Westcrown que aún funcionan lo sabe, y quien lo niegue o bien no ha ido o bien tiene prejuicios morales que le impiden reconocer la excelencia cuando aparece vestida con motivos infernales.
La tradición operística chelaxiana es anterior a los Thrune y, como el vino, sobrevivió al cambio de régimen con sus virtudes intactas. Si acaso, la llegada de la Casa Thrune añadió al repertorio una veta de grandiosidad trágica, de fatalismo cosmológico y de pactos con fuerzas que superan la comprensión humana que, musicalmente hablando, ha producido algunas de las composiciones más devastadoras que el oído mortal puede escuchar. Los chelaxianos abordan la ópera con la seriedad que en otros países se reserva para la guerra: con conocimiento, con fervor y con la disposición de discutir durante horas sobre la interpretación de una aria como si de ello dependiera la continuidad del estado.
Los temas, previsiblemente, son infernales: caídas, traiciones, almas negociadas, el orgullo humano aplastado por fuerzas incomprensibles, el precio inevitable del poder. Podría interpretarse como propaganda del régimen, y en parte lo es. Pero es propaganda de una belleza tan genuina que yo (si querido lector, YO) he llorado en tres teatros chelaxianos distintos.
Consejo práctico: vestid de acuerdo con el protocolo. Los entreactos en la ópera chelaxiana son, en la práctica, la sesión de negocios más productiva de la semana. He cerrado tres contratos, iniciado dos negociaciones y evitado una denuncia ante los Inquisidores en los descansos de distintas representaciones. El arte facilita los negocios. En Cheliax, hasta la belleza tiene su función.
EL ARTE: TÉCNICAMENTE INSUPERABLE, TEMÁTICAMENTE DEPRIMENTE
La escultura chelaxiana merece fama que no tiene fuera de sus fronteras, probablemente porque los críticos del norte de Avistan no pueden separar el análisis técnico de la incomodidad temática. Yo sí puedo, o al menos me entreno para ello, porque un comerciante que confunde sus preferencias ideológicas con el criterio estético pierde dinero, y yo tengo una relación demasiado larga con el dinero para permitirme ese lujo.
Los talleres de Egorian llevan dos siglos produciendo esculturas de mármol y bronce con una anatomía que sugiere conocimiento íntimo del cuerpo humano llevado a sus límites, retratos de nobles que capturan algo más que la apariencia física y se adentran en un territorio psicológico que os hará sentir incómodos sin que podáis explicar exactamente por qué, y composiciones alegóricas de una ambición espacial que ninguna otra escuela escultórica del continente ha igualado. El que los temas sean consistentemente sombríos no invalida la destreza. El que la destreza sirva a un régimen que preferiríamos que no existiera no invalida los mármoles.
La pintura sigue una línea análoga: claroscuro de una técnica que haría palidecer de envidia a los maestros de Taldor, paletas de negro, carmesí y dorado aplicadas con una seguridad que viene de siglos de práctica, densidad dramática que persiste días después de la visita. En Westcrown podéis adquirir piezas a precios que reflejan el hecho de que varias familias nobles llevan décadas liquidando patrimonio para mantener las apariencias. Sus apuros económicos son vuestras oportunidades comerciales. Así funciona el mundo, con o sin diablos de por medio.
LA NOBLEZA FEMENINA: EL ARGUMENTO MÁS PELIGROSO DEL IMPERIO
Abordo este asunto con el respeto que merece, la conciencia de que toda generalización es peligrosa y la certeza de que lo que voy a decir es verdad de todas formas. Las mujeres de las casas nobles chelaxianas reciben una formación que ningún otro país de Avistan occidental ha igualado: retórica, derecho contractual, historia política, estrategia económica, mínimo dos idiomas, y en muchos casos una disciplina arcana o clerical de cierto nivel. No es filantropía ni progresismo ilustrado: en una sociedad donde el poder se negocia mediante contratos y la intriga es el deporte nacional, una heredera que no sepa argumentar, calcular y maniobrar es un activo depreciado, y los nobles chelaxianos tienen una relación con la depreciación de activos que no admite sentimentalismos.
El resultado práctico es que una conversación de sobremesa con una dama de rango medio en Egorian puede ser la más estimulante y simultáneamente la más peligrosa del año. Estimulante porque la interlocutora tiene opiniones formadas, las defiende sin fingir que no las tiene y no está dispuesta a fingir ignorancia para haceros sentir más cómodos, que es lo que hacen los interlocutores mediocres de todos los países. Peligrosa porque cada frase que pronunciéis está siendo archivada para uso potencial futuro, porque en Cheliax el encanto social es también recolección de información, y porque las personas mejor entrenadas para ejercerlo son, con mucha frecuencia, las que sirven el vino con más gracia.
El galanteo en Cheliax, especialmente entre quienes tienen algo que perder, es un ejercicio de riesgo calculado. No hablo de flores ni de promesas susurradas, sino de insinuaciones formuladas como propuestas comerciales y de silencios que pesan más que cualquier juramento. Una invitación a un balcón puede ser una oportunidad… o una prueba; un roce de manos, un accidente… o una cláusula no escrita que os compromete más de lo que imagináis. He visto a hombres arruinarse por interpretar un cumplido como afecto, y a mujeres sellar alianzas decisivas con nada más que una sonrisa bien colocada y el rumor adecuado dejado caer en el oído correcto. En Cheliax, seducir no es conquistar: es cerrar un trato sin que la otra parte recuerde cuándo aceptó.
Y luego están quienes llevan el juego un paso más allá, en escarceos que son siempre los más interesantes y, por tanto, los más peligrosos. En ciertos círculos —los que operan a la sombra de Egorian y sus salones más discretos— el galanteo se entrelaza con pactos que no figuran en ningún registro público y favores cuya ejecución puede tardar años en reclamarse. Hay citas que terminan con un beso… y con una deuda; otras con un brindis… y con una cadena invisible alrededor del cuello. No es infrecuente que una velada particularmente intensa concluya con la sospecha, no siempre infundada, de que uno ha sido evaluado como posible aliado, recurso… o sacrificio.
Mi consejo, fruto de una experiencia que me ha costado más de lo que me gustaría contabilizar: disfrutad de la conversación y dejadlo ahí. En Cheliax, el deseo es moneda, pero la deuda siempre se cobra en sangre, prestigio o alma, y raramente en ese orden.
E incluso si todo queda en mera charla, recordad que estáis hablando con alguien que ha crecido en una cultura donde las cláusulas en letra pequeña son la norma. Nada de lo que digáis será olvidado. Yo encuentro eso tan estimulante como otros placeres mas obvios. Si no es vuestro caso... poner tierra de por medio y como siempre, sonreíd cortésmente mientras lo hacéis.
VII. CONSEJOS FINALES DEL QUE MÁS VECES HA SOBREVIVIDO A ESTE PAÍS
Primero: documentos. Los papeles de viaje chelaxianos tienen marcas de autenticidad específicas y los funcionarios de aduana las conocen todas. Invertid en documentación correcta. Es el gasto más rentable que haréis en vuestra preparación.
Segundo: aprended el protocolo de las Disciplinas Asmodéicas aplicable a vuestro tipo de negocio. No necesitáis ser expertos. Necesitáis saber lo suficiente para no cometer los errores más caros. Hay copistas en Absalom que venden resúmenes ejecutivos por tarifas razonables. Usadlos.
Tercero: no comentéis la política local en posadas, puertos ni ningún otro lugar donde haya más de una persona escuchando. Esto incluye susurrar. Los Inquisidores tienen recursos que hacen que el susurro sea tan audible como el grito en los contextos equivocados.
Cuarto: si alguien con máscara de hierro, armadura con motivos diabólicos o túnica de la Iglesia de Asmodeo os hace cualquier pregunta, responded con cortesía, brevedad y colaboración total aparente. No es el momento de principios filosóficos. Los principios filosóficos son para cuando estéis a suficiente distancia como para que no tengan consecuencias inmediatas.
Quinto: salid de Westcrown antes del anochecer. Lo he dicho ya. Lo repito porque la gente tiende a subestimar los avisos que no ha comprobado empíricamente, y yo prefiero parecer redundante a que algún lector acabe siendo cena de criaturas sombrías por haber pensado que exageraba.
Y sexto, el más importante: disfrutad del vino. Disfrutad de la ópera si tenéis ocasión. Disfrutad de los canales de Westcrown por la mañana y de la cocina de caza y de las conversaciones con personas que saben exactamente lo que hacen aunque os convenga fingir que no lo notáis.
Cheliax es un lugar terrible gobernado por gente terrible bajo la influencia de fuerzas literalmente infernales, y que aun así ha producido cosas de una belleza que ningún otro país ha igualado. No hay sombra sin luz, ni vinagre que no fue primero vino. El mundo es complicado. Los que dicen que no lo es, generalmente no han viajado lo suficiente.
Los que tenemos un punto de vista, digamos, menos conservador o no sobrevivimos lo suficiente para contarlo (siempre es una posibilidad) o en mi caso, decidamos nuestro tiempo a garabatear estas poco humildes líneas que espero que valgan lo que por ellas han pagado.
— Marchetti de Kortos


















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